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Vender Mi Parte

Una casa vacía que solo pasa facturas

Nadie vive en ella. Nadie la alquila. Nadie la vende. Pero todos los años llega el IBI, todos los meses la comunidad, y cada cierto tiempo una derrama.

La cuenta que nadie hace

Merece la pena echarla, porque suele sorprender. Sume por un año: IBI, cuotas de comunidad, seguro del hogar, suministros mínimos, y reparta la derrama del ascensor o de la fachada entre los años que dura. Multiplique por su porcentaje. Y luego multiplique por los años que lleva así.

A eso hay que añadir lo que no se ve: una vivienda cerrada se deteriora. Humedades, instalaciones que envejecen, un edificio que se degrada. Cada año que pasa cerrada vale un poco menos.

Por qué nadie hace nada

Porque en estas situaciones lo normal es que nadie tenga suficiente urgencia para mover ficha. El gasto se reparte y a cada uno le duele poco. Vender exige que todos coincidan, y basta con que uno no conteste al teléfono para que no pase nada. Así es como una casa se queda cerrada quince años.

Sus opciones

Alquilarla. Convertiría el gasto en ingreso, pero alquilar requiere el acuerdo de la mayoría de las cuotas. Si el bloqueo es el problema, aquí también lo será.

Vender entre todos. Lo mejor económicamente. Requiere unanimidad.

División judicial. Fuerza la venta sin necesidad de acuerdo. Uno o dos años.

Vender su parte. Deja de pagar desde el día de la firma.

Un detalle a su favor

En este tipo de casos —vivienda vacía, sin nadie ocupándola, sin conflicto abierto en los juzgados— la valoración suele ser bastante mejor que en los casos con alguien atrincherado dentro. No es lo mismo comprar una casa cerrada que comprarse un pleito.

Si además la herencia ya está aceptada e inscrita y no hay deudas, tiene el mejor escenario posible de los que solemos ver.

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